De oración en oración y la construcción de frases

La escritura creativa no es fácil, todos lo sabemos, requiere tiempo, trabajo y estudio. No es sólo ponerse a escribir lo primero que nos salga y de la forma que nos salga. La escritura creativa es un arte y un proceso muy complejo, con multitud de matices y aspectos a tener en cuenta. Y, precisamente, la forma es uno de los más importantes.

Para escribir, se nos ha enseñado a utilizar oraciones, es decir, esas unidades lingüísticas de menor tamaño y que tienen un significado completo. Su normativa sintáctica básica es: primero un sujeto y después el predicado.

Obviamente para escribir nuestra historia utilizaremos oraciones algo más complejas que esa mínima unidad con significado completo. Determinaremos el sujeto con un artículo, lo adornaremos con un adjetivo, usaremos un adverbio para enmarcar el predicado, etc.

No obstante, sólo con oraciones básicas o demasiado simples, no se puede ejercitar la escritura creativa, porque la escritura creativa es precisamente lo que su nombre indica: escritura con la que crear, con la que inventar, innovar y ser original.

Por eso, ante el proceso de creación de un relato o de una novela nos encontramos con que debemos y necesitamos usar oraciones compuestas, frases más complejas para poder expresar emociones que con oraciones simples se nos hace imposible, y también transmitir ideas más complejas.

Si queremos escribir una historia profunda, con matices y compleja necesitamos usar oraciones complejas, originales, creativas. Con oraciones simples y frases simples, planas, sólo conseguiremos plasmar ideas planas, crear historias sin profundidad, sin emociones.

No obstante, dentro de la búsqueda de la complejidad, de la originalidad; a la vez debemos buscar la sencillez y la lógica, ya que es fácil perderse en el caos y escribir frases ilógicas cuando buscamos la complejidad, cuando buscamos crear algo original.

Siempre debemos analizar lo que escribimos, meternos en la mente de un lector/una lectora ajena a tu creación y mirar qué entenderá con tus frases. Analizar si tus frases son entendibles y lógicas. Ya que es muy fácil que una frase que en tu mente tiene sentido, sea una frase ilógica y una lectora o un lector no la entienda.

¿Y por qué pasa eso? Simplemente, los escritores tenemos en la cabeza mucha más información que los lectores y las lectoras, y damos por entendido cosas que los lectores no sabrán. Cuando leemos esa frase ilógica, captamos su significado ya que inconscientemente enlazamos la información privilegiada que tenemos en la cabeza con la frase.

Como sabemos qué queremos decir, lo entendemos aunque la frase no lo explique bien o sea ilógica. En cambio un lector no sabe lo que queremos decir, no está en nuestra mente, y sólo tendrá una frase ilógica ante él o ella.

Y en ese momento, el relato o la novela empezará a fracasar.

Por tanto, cuando escribimos como un creador, una creadora, a la vez debemos leer como un lector ajeno que no tiene nada más que las palabras que tú has escrito. Analizar estas palabras y ver si tienen sentido, si son lógicas.

En el próximo artículo seguiré hablando la complejidad de la creación y de cómo ser original. También sobre el hipérbaton y otras figuras retóricas que pueden dar potencia, originalidad y esa chispa mágica a tus frases.

La magia de la retórica…


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