El binomio fantástico

Circulan muchos libros por el mercado sobre la teoría del relato breve o de la novela, sobre técnicas de escritura creativa y algunos que te dan consejos, que te animan a escribir o que comparten las experiencias de los autores que los han escrito. Entre ellos, está 'El gozo de escribir', de Natalie Goldberg; 'Zen en el arte de escribir', de Ray Bradbury; 'El oficio de escritor', de Ana Ayuso; o 'Gramática de la fantasía', de Gianni Rodari; por citar algunos con los que empezar.



Un ejercicio que siempre me ha gustado mucho para desarrollar las ideas de mis relatos, y que he conocido en alguno de estos libros, es el siguiente:

Pides a dos personas que te digan la primera palabra que se les ocurra, y cuando digo palabra me refiero a un concepto tal como zanahoria, payaso, canguro, estratosfera, granito, fantasma, etc. Ninguna de las dos personas no debe saber la palabra que ha dicho el otro, obvio; y entonces, con las dos palabras, según lo que te motiven,  lo que te expresen, susciten, transmitan; escribes un relato en el que los dos conceptos tengan un papel protagonista. El relato puede girar entorno a ellos, o realmente que en ningún momento de tu escrito aparezcan, pero que todo el rato, al leerlo, al lector le suscite la idea de esos dos conceptos.

Si nos fijamos en los relatos de Quim Monzó, quién los haya leído notará que en la mayoría de sus obras, durante su lectura te está transmitiendo todo el rato las mismas ideas, te suscita algo implícito en el escrito pero que no se menciona o se hace muy sutilmente. Por ejemplo el color verde y la locura; los reptiles y la capacidad de volar; etc.

Lo importante de este ejercicio es que las dos palabras que te digan no sean parecidas, todo al contrario, que casi sean contrarias, que choquen, que entre ellas dos saquen chispas, que saquen chispas a tu imaginación. Esta técnica es de las más potentes que existen para escribir.

Creo que la técnica la ideó Gianni Rodari. O, al menos, yo la aprendí de su libro 'Gramática de la fantasía'. Él sostiene que todas las ideas nacen de la dualidad, no de una sola palabra. Toda idea nace de la fricción de dos palabras que se oponen, de dos polos, nunca puede haber un sólo polo. Sabemos que existe el mal, porque existe el bien; sabemos que hay cosas claras, porque hay oscuridad; o que hay otras cosas duras, porque hay de blandas; etc.

Esta técnica se llama "el binomio fantástico" y debe realizarse con palabras opuestas o que choquen, que saquen chispas. Pero, por ejemplo: armario y televisor no funcionarían para esta técnica, pues son conceptos muy parecidos. Tampoco elefante y jirafa, pues los dos son animales mamíferos.

Sí que funcionaría: forzudo / enfermo, velas / foco, piedra / esponja, sobrevivir / asesinato, etc.

Y esta técnica es infinita, pues se puede ampliar de las formas que queramos: se puede hacer un "trinomio fantástico', incluso se pueden coger muchas palabras al azar, sean seleccionadas por ti mismo o por un dedo inocente y un diccionario, o por varias personas que las dicen al escritor; y con ellas hacer unas tablas como de selección, como si fuera un campeonato deportivo, y entonces, juntar las pares y las impares o simplemente hacer parejas correlativas, y de estas parejas, escribir una nueva palabra que te venga a la mente según la idea que te produzca esas dos palabras. Y así sucesivamente hasta terminar con sólo dos o tres palabras.

¿Qué consigues con esto? Pues terminar teniendo palabras que no te hubieras imaginado, ideas sorprendentes y una semilla ya germinada para crear un relato.
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