El vocativo, ese gran desconocido.

La lengua, como todos sabemos, está articulada con un montón de normas gramaticales y léxicas; y aún más el registro literario. Si queremos escribir literatura debemos conocer muy a fondo toda la normativa y las técnicas de escritura, entre otros entresijos, secretos y trucos que van hilando esta gran tela de araña que es el mundo de la literatura.

Uno de estos entresijos, y que parece que muy pocos autores noveles o amateurs conocen, es el vocativo.

El vocativo es una palabra (generalmente un nombre) que se usa para invocar, llamar o apelar a una persona, una entidad u objeto personificado (y así que haga la función de sujeto, de vocativo). 

En la vida real, esta función sintáctica se parece a cuando vas por la calle y te cruzas con un conocido. Tú le ves, pero ese conocido no te mira. Para que te mire, le tienes que pegar un grito o tocarle el hombro, llamarle la atención. Eso es el vocativo.

Por ejemplo:

"Así se hace campeón." En este caso "campeón" hace la función de adjetivo. Estás diciendo que así una persona se hace campeona.
"Así se hace, campeón." De este modo, "campeón" hace la función de sujeto y de vocativo. Estás aludiendo a una persona a la que le llamas "campeón". Para que esto sea así, esta palabra debe separarse del resto de sintagmas de la oración con una coma.

Otro ejemplo aún más claro y que llama la atención:

"Vamos a comer niños." Aquí decimos que el plato que vamos a comer serán niños.
"Vamos a comer, niños." Aquí, en cambio, estamos invocando o llamando a los niños para que todos vayamos a comer.

El vocativo no sólo puede ir al final de una oración, sino que también lo encontrarás en el medio o al principio. 

Normalmente, si el vocativo se pone al principio, es para dar mayor valor expresivo a la palabra (a esa persona, entidad u objeto personificado al que se está aludiendo) y para llamar la atención también al lector.

En cambio, si se pone en el medio o al final de la oración, es meramente para reforzar o suavizar la expresión y simplemente como recurso enfático hacia esa persona, entidad u objeto personificado al que se está aludiendo.

Por ejemplo:

"Lucecita bonita, alúmbrame el camino." En este caso "bonita" hace la función de adjetivo. Se está diciendo que la lucecita es bonita.
"Lucecita, bonita, alúmbrame el camino." Aquí, separamos "bonita" con comas para que haga la función de sujeto y vocativo. Estamos llamando o invocando a "bonita", que es realmente la lucecita, y le pedimos que nos alumbre el camino.

Las dos oraciones son correctas, pero pueden no serlo dependiendo del contexto. Si escribes la oración queriendo aludir a la "lucecita" como "bonita" para que nos alumbre el camino y no le pones comas, será incorrecto.

De ahí que escribir:

"Hola Javier." "Adiós Javier." Sea incorrecto.
"Hola, Javier." "Adiós, Javier." Sea correcto.

"Muy bien muchacho, vamos allá." Sea incorrecto.
"Muy bien, muchacho, vamos allá." Sea correcto.

De ahí que, entendiendo qué es el vocativo, entendamos también la función de las comas y cómo pueden cambiar el significado de las oraciones:

"Bueno, hay gente normal." Aquí se afirma que la gente que hay es normal. Pero si se escribe queriendo decir que es normal que haya gente, entonces es incorrecto.
"Bueno, hay gente, normal." Aquí se afirma que es normal que haya gente, se usa el vocativo.

El vocativo, además de todo lo citado, también puede tener efectos añadidos, como el de mostrar desagrado y rechazo o, por el contrario, afecto.

Si se hace para demostrar desagrado, normalmente se le añade el artículo "so": "Cógelo por las piernas, so cabrón, o se nos caerá."

Y en el caso contrario, si se hace para demostrar afecto, normalmente se le añade el artículo posesivo "mi": "Me ha encantado el regalo, mi vida, es precioso."

Asimismo, el "mi" también se usa mucho para referirse a un superior (por ejemplo en un contexto histórico de servitud o esclavitud, en un contexto militar y/o policial, etc.): "Mi señor, el pelotón ha caído." "Sí, mi amo, ahora mismo voy."

En el próximo artículo hablaré de otro recurso estrechamente relacionado: la aposición.
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