Hoy todo el mundo habla de Gabriel García Márquez


Hoy todo el mundo habla de Gabriel García Márquez, todos le pensamos y le admiramos; pero preferiría que no fuese así, pues el motivo es muy cruel. Ojalá todo el mundo pensara en estos grandes maestros, artistas y personas, durante la plenitud de sus vidas y no en su trágica muerte. Ojalá todos pensáramos, habláramos y compartiéramos más la vida y la obra de estos seres excepcionales y menos las banalidades e hipocresías del fútbol, la música cuyo único enfoque es lo puramente comercial, dejando de lado el arte; o la televisión, basura que contamina la mente.

En su memoria, en la memoria de un genio creador de historias llenas de magia, dejo aquí uno de sus mejores microrrelatos, inspirador:

“El drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida.”

Gabriel García Márquez

Y es tan inspirador, este microrrelato, que yo escribí uno basado e inspirado en él:

“Balsa Norikami estaba deprimida. Se pasaba las horas divagando y fantaseando mientras salía a dar paseos. Ese día subió a la azotea del bloque de pisos en el que residía. Creía estar sola, pero unas manos firmes la empujaron por encima de la barandilla, y Balsa Norikami se desprendió azotea abajo. 

Y mientras caía a través de los veintidós pisos del edificio, fue viendo las intimidades de cada una de las gentes que los habitaban: vio los amores furtivos entre vecinos, esos besos a escondidas, las sonrisas cómplices entre hermanos juguetones que luego estallarían en carcajadas en algún rincón del parque, los sueños de alguna intrépida soñadora entre el montón de libros de su escritorio, la risa pícara de una mujer poniendo un poco más de azúcar en el pastel de cumpleaños… Así que al instante de reventarse contra el suelo, Balsa Norikami se dio cuenta de la vida que estaba perdiendo, y que no quería irse de esa manera.

Unas horas más tarde, todo el vecindario tenía claro que había ocurrido un suicidio. La policía así lo resolvió. Pero hubo un detective cuyas sospechas lo llevaron a la azotea. Y cuando caía a través de los veintidós pisos, vio las intimidades de cada uno de los vecinos y al asesino quitarse los guantes y el pasamontañas ya seguro dentro de su apartamento.”

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